INSTITUTO SALESIANO CRISTÓBAL COLÓN.

PSICOLOGÍA

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REFLEXIONES PEDAGOGIALIBROS

 

PSICOLOGIA, CULTURA Y SOCIEDAD.
“DISCUSIONES EN FAMILIA”
Lic. Carlos J. Muñoz.

Es importante tener presente que ante las discusiones los padres no deben caer en un estado de pánico. Las discusiones son inevitables. En cualquier proceso de comprensión y crecimiento familiar existen discusiones y para comenzar, los integrantes de la familia deben tener en cuenta y llegar a un acuerdo frente al significado de éstas.
Discutir es un arte que implica intercambiar opiniones discrepantes. La convivencia en familia lleva consigo el querer conocer la postura, forma de pensar, sentimientos de la pareja y de los hijos, sin embargo, esto no quiere decir que la discusión implique pelear.
La discusión puede llegar a ser un elemento enriquecerdor de las relaciones, tomando en cuenta que ésta tiene fuertes implicaciones emocionales, y con esto quiero decir que al discutir se puede llegar a sentir rabia o impotencia. Esto nos lleva a buscar ser asertivos, es decir, darnos cuenta cuando una discusión no lleva a ninguna solución y todo lo contrario está tensionando el ambiente y por supuesto la relación.
Ya en el pasado Aristóteles había definido claramente el contexto de una discusión: “Cualquiera puede enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto; eso, ciertamente, no resulta tan sencillo”. Ser asertivo significa tener claridad de sentimientos y de pensamientos, saber decir las cosas es un arte que debe aprenderse, tanto padres como hijos. En muchas ocasiones, las cosas que más nos molestan son las que menos sabemos expresar, y son, precisamente, las que requieren mayor cuidado y acierto en el momento de exponerlas, pues cuando la incomodidad hace parte del sentir de cada uno, bien sea el padre o el hijo, las relaciones pueden verse afectadas al igual que el ambiente familiar. El propósito es que las discusiones en familia promuevan soluciones a las posibles situaciones que más incomodan. El hecho de discutir acaloradamente aumenta las dificultades e imposibilita llegar a un acuerdo, sin proporcionar soluciones a los inconvenientes. Cuando las ideas se exponen en un ambiente de rabia e irrespeto, difícilmente se dan los posibles acuerdos, soluciones y cambios.
Uno de los aprendizajes más significativos para vivir y convivir con la pareja y con nuestros hijos, radica en el hecho de escuchar activamente los puntos de vista de los jóvenes, aunque es probable que en este camino las expresiones verbales y no verbales no sólo den cuenta del contenido de las diferencias, sino que también tengan una fuerte carga emocional, es decir, que afloren muestras de rabia y tristezas, así como los sentimientos que la situación nos provoca, es inevitable sentir que amamos a la persona con la cual discutimos, aunque en esos momentos sentimos rabia o dolor contra ella. Por lo general, las discusiones se acompañan de frases como:
- “Me aburres con tus discusiones” –
- “No te soporto” –
- “Me tienes harto” –
- “Te encanta ponerme de malas” –
- “Ya vas a comenzar tus quejas” –

Las frases anteriores reflejan la fuerte carga emocional de nuestras discusiones y que muestran la pasión con la que nos expresamos cuando discutimos. Las frases mencionadas arriba responden con acusaciones mutuas como:
-“No me entiendes” –
- “Tú no sabes cómo me estoy sintiendo” –
- “No sabes ni qué es lo quieres”-
- “No te entiendo” –

El objetivo de presentar algunas de las frases que suelen surgir en las discusiones, nos lleva a darnos cuenta de que podemos crear un clima de cordialidad y armonía para discutir. Las actitudes relajadas y positivas nos van a permitir crear un clima en donde podamos analizar mejor los problemas que se presentan. Lo anterior traerá como resultado que las relaciones familiares mejoren, al igual que nuestra salud mental y física. Es importante recordar que las alteraciones psicológicas y emocionales, en muchos de los casos, desencadenan trastornos psicosomáticos. En muchas ocasiones llegamos a sentirnos enfermos, aparentemente sin motivo alguno, y después resulta que esas tensiones son causadas por falta de control de las emociones que se nos presentan cotidianamente.
Para que las discusiones dentro de la familia se den en un clima de cordialidad es necesario tener presente lo siguiente:
1. Las discusiones familiares deben darse en un clima de calidez, recordando que es en la familia en donde, por excelencia, existe un espacio de libertad, donde se expresen los sentimientos con espontaneidad y sin recato. Para esto será necesario que la familia permita a sus miembros, cierta dolencia para expresar el mal humor y la tristeza.
2. Los miembros de la familia pueden llorar o mostrar abatimiento o simplemente estar en silencio dentro del espacio familiar, sin que por ello sean censurados o castigados.
3. Los padres deben tener presente que la familia, al ser el núcleo central de la sociedad, debe de proveer el equilibrio y el cariño necesarios para que los miembros sientan apoyo y comprensión no sólo para la expresión de sentimientos sino para el crecimiento de la autonomía y el autocontrol.

Es importante para los padres tener en cuenta que para que la armonía familiar no se pierda, hay que evitar:
1. Emplear la ironía como modo de comunicación, pues esto hiere y mantiene la relación tensa.
2. Castigar con ira, pues puede llegar a ser contraproducente, ya que la emoción supera la prudencia y las consecuencias pueden ser desagradables y dolorosas.
3. Tener cuidado con las reglas, el orden y el mando, puede generar distancia en las relaciones con los hijos.
4. Restarle importancia a los acontecimientos diarios de los niños o jóvenes puede generar inconformidad en las relaciones, ya que éstos pueden llegar a sentirse aislados e incomprendidos.
Si los padres están en constante reflexión de sus actos y de la situación familiar, pueden llegar a tener efectos positivos no sólo en la conducta de sus hijos sino en sí mismo; recuerden que ser padres es un constante aprendizaje y enriquecimiento a nivel personal, si sólo se ve la paternidad como un cúmulo de problemas y responsabilidades, la sensación y significado de ser padres, será poco gratificante y la frustración hará parte de sus vidas.

mail: cmaguilar63@yahoo.com

tel 51 5 52 36

NOVIEMBRE 08 DE 2006


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PSICOLOGÍA, CULTURA Y SOCIEDAD.
LIC. CARLOS J. MUÑOZ
¿POR QUÉ LOS NIÑOS “PIERDEN EL TIEMPO” JUGANDO?

Quién no se ha preguntado alguna vez por qué juegan los niños o para qué lo hacen o si diferencian realidad de fantasía. Es también frecuente escuchar en las consultas a padres preocupados por creer que su hijo no entiende lo que le dicen ya que continúa con su actividad lúdica sin responderles ni referirse a lo dicho por los padres en absoluto.
El niño distingue muy bien entre la realidad del mundo y sus juegos, lo que ocurre es que toma muy en serio ese mundo fantástico porque ha volcado allí grandes afectos, está íntimamente ligado a él. ¿Cómo es esto? Muchas emociones penosas pueden convertirse en fuente de placer al expresarse en un ámbito protegido en el que nada malo puede pasarle.
1. Al jugar puede hacer activo lo vivido pasivamente lo padecido, rectificando una realidad insatisfactoria.
2. Se está cumpliendo además una función elaborativa al poder ligar la excitación producida por los sucesos que lo impactaron, conectándose el cese de la excitación con el dominio sobre el objeto y descargándose así la energía.
3. Otra de las causas del jugar es un deseo, el deseo de ser adultos. Jugando a ser mayores imitan lo que conocen de la vida de éstos.
Un beneficio que se deduce entonces es que el niño al imitar va aprendiendo, interioriza roles y actitudes.
Si bien toma elementos que extrae de la realidad se crea un mundo propio opuesto a la realidad y que le reporta un intenso placer.
En síntesis: jugar sirve para vivir en equilibrio, aprender y constituirse en un sujeto activo, capaz de crear.

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